17 de diciembre de 2012

Fin del Mundo 2012 - Todo sobre la Tormenta Solar, ¿moriremos incomunicados? (VII)

Saludos, dado que el tema más buscado y requerido, y que además, más preocupación suscita, vamos a incluirlo dentro de una entrada a parte, como hemos hecho hoy con las otras dos entradas publicadas.

Lo primero, ¿de qué va esta hipótesis? ¿qué enuncia? ¿a qué se refiere?



Esta hipótesis enuncia que el fin del mundo ocurrirá el 21 de diciembre cuando, una gran tormenta solar haga, por un instante aumentar la actividad eléctrica terrestre y, por una supuesta sobrecarga, apagará y colapsará todos aquellos aparatos eléctricos y electrónicos que se encuentren sobre el planeta, incomunicando y dejando inutilizables todos los satélites que se encuentren en órbita alrededor de la Tierra.

Los defensores y creadores de esta hipótesis sostienen que el Sol, debido a su gran actividad que está teniendo últimamente, empezará a sufrir (teóricamente debería empezar ya dentro de horas o apenas 1-2 días) grandes alteraciones, visibles como eyecciones violentas, en forma de chorros plasmáticos, a los que la magnetosfera terrestre no podrá aguantar, y provocarán un súbito aumento de la tensión eléctrica, (los aparatos se iluminarán, rebosarán energía), y luego después, dado el colapso que éstos sufrirán, se apagarán, dejando por días la Tierra incomunicada, y, salvo que alguien, sin ninguna máquina ni aparato, lograra una forma de volver a la comunicación y al "encendido", probablemente el mundo acabaría porque animales y humanos no podrían comer, la comida no se podría almacenar ya y los humanos no podrían comunicarse entre ellos. Los satélites no funcionarían ya.

Pero... ¿Qué tiene todo esto de cierto? ¿Qué pasará? ¿Es probable que ocurra?

Lo primero que volvemos a decir: no se preocupen. Nadie, ninguna asociación astronómica ni ningún astrónomo observador visual tiene previsto aumento alguno, por débil que sea, en la actividad de nuestra estrella, el Sol.


El sol atraviesa, cada 11 años aproximadamente, unas fases o etapas, llamadas "mínimos de Maunder", en honor al primer astrónomo que estudió la relación entre las manchas solares y distintos factores, como el climático entre otros, y apuntó los períodos de este mínimo. En este período, encontramos, al principio, una época de muy baja actividad solar en que hay pocas manchas, débiles llamaradas se desprenden de nuestra estrella, y la apariencia solar es de una estrella "muerta" por así decirlo -ya que presenta poco movimiento-.


Sin embargo, en el segundo momento, el del máximo, el Sol experimenta una gran cantidad de manchas solares normalmente, que incluso llegan a plagar su superficie. En este máximo destacan las grandes llamaradas que, violentamente, salen de la superficie solar. El Sol da una imagen de estrella "feroz, vivaz", que posee una actividad violenta, en la que, muchas veces lleva a cabo eyecciones de masa tan violentas que llegan a arrancar las colas de los cometas (como pasó en 2007 con el Cometa Encke). Nosotros, en 2012, estamos viviendo este máximo.

Los sujetos que formularon esta teoría, se basaron en que, debido a este gran máximo que estamos atravesando, que lanza grandes cantidades de materiales incandescentes al exterior, cualquier aumento que hiciera aún mayor este fenómeno, (tormenta solar se le llamaría), podría, con su virulencia, destruir cualquier satélite e incomunicar a la Tierra. Pero esto no será así:

Nuestro gran escudo, la magnetosfera, nos protege de estas grandes llamaradas, que llegan hasta Saturno y Urano sobradamente, y que, sin ella, ya habríamos sufrido decenas de tormentas solares como las que anuncian para este 21 de diciembre. Esta magnetosfera es capaz de aguantar tormentas de extremada gravedad, y gracias a esta capa, la cual induce hacia los polos estos chorros plasmáticos, se producen las auroras boreales, siempre en los polos. Esto es debido a que, como los chorros suelen llegar debilitados, apenas llegan a los polos por la acción del desvíe de la magnetosfera. Pero si, por el contrario hay una gran cantidad de plasma, de materia, y de potencia, este chorro quizá, por su tamaño y densidad atómica, pueda ser visible desde latitudes inferiores, pues podría llegar a interactuar con las partículas atmosféricas. Normalmente esto no ocurre así porque, como decimos, los chorros son débiles y apenas llegan con suficiencia a los polos, después de ser interceptados por la magnetosfera. Si por el contrario, fueran grandes, como decimos, acabarían llegando muy fuertes, densos y potentes a nuestra atmósfera, excitándose estas moléculas con las de nuestra atmósfera y produciendo brillantes auroras boreales.


Los astrónomos han seguido muy de cerca la actividad solar, y pese a que han surgido grandes movimientos en su superficie este año, todos son comprensibles y bastante normales dentro del máximo que atravesamos, y por los cuales no hemos de preocuparnos en lo más mínimo. Los astrónomos afirman que, aunque estas eyecciones de masa y expulsiones plasmáticas fueran varias veces más intensas, nuestra magnetosfera podría sortearlas con gran eficiencia, ya que está preparada para máximos bastante mayores, y por tanto, no hay que preocuparse por nada. Las grandes tormentas que hubo en períodos como 2005, no afectaron en absoluto a la Tierra, y fueron mucho más intensas que la actividad que el Sol sobrelleva actualmente.

¿Qué cambios notaríamos? 


Si hubiera una gran tormenta, no prevista por ningún astrónomo, conociendo al Sol perfectamente, ésta sería de dimensiones mucho menores a las esperadas, y sería más un débil aumento de la actividad solar que otra cosa. La única manera de notarlo que tendríamos sería que, probablemente, en los polos disfrutarían unos días de agitadas auroras boreales, que incluso podrían ser visibles a menores latitudes (no hablamos de los 40 grados, pero sí los 60 por ejemplo), cuyo espectáculo sería notable. No podríamos quedarnos incomunicados aunque la actividad se multiplicara 5 ó 10 veces. Que el Sol desgarre de su superficie violentas y fortuitas llamaradas de combustible incandescente no significa que muramos. Lo hace todos los días, lo seguirá haciendo siempre (hasta que este combustible se agote), y no pasará nada. Si lo notamos será en unas auroras boreales más vistosas por la gran excitación de las partículas solares con las atmosféricas, y como no se ha previsto ninguna alteración de aquí a 4 días, no lo notaremos.


No habrá pues fin del mundo. Esperemos que esta noticia les haya agradado, les haya relajado, y les haya despreocupado. Hay que concienciarse de que, a nivel científico, no podrá ocurrir nada. La Tierra está muy bien franqueada y defendida, y ningún fenómeno podrá evitar que lo siga siendo, al menos durante los próximos días. Esperamos que os haya gustado nuestra entrada. No olvidéis comentar si os ha gustado, ya sabéis que vuestra opinión se añadirá en la entrada que más tarde publicaremos. Podéis enviarnos un comentario en Blogger aquí abajo, un tweet a @Blogastronomico o un mensaje en Facebook en nuestra página de Astronomía a tu Alcance, o incluso en nuestro foro de www.astronomiatualcance.foroactivo.com

Un saludo, buenas noches y feliz semana a todos. ¡Feliz Navidad queridísimos lectores! Que tengáis felices sueños.
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